Universitat Rovira i Virgili

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“El trabajo que hacen las mujeres es el que sostiene el sistema”

Entrevista a Coral Cuadrada, historiadora y profesora de la URV

26/01/2016

Coral Cuadrada

La profesora Coral Cuadrada y sus exalumnas Ada Lasheras, Roser Marsal y Carlota Royo han realizado una importante labor de investigación sobre el papel de las mujeres a lo largo de cuatro momentos históricos. El resultado, el libro Oikonomia: cuidados, reproducción, producción, una obra de acceso libre que se puede consultar en línea, descargar a través de la web de Publicacions URV o comprar en formato papel en el portal unebook.es.

 

¿Qué es la oikonomia?

Es una palabra que procede del griego, de Aristóteles, que diferencia lo que es la economía como administración de la polis, que corresponde a los hombres, de la oikonomia, que es la administración doméstica, del hogar (oikos), que se atribuye a las mujeres. Las autoras del libro hemos escogido esta palabra porque hemos partido del discurso de la economía feminista actual, que sostiene que lo más importante no es ya lo que se nos ha vendido siempre como tal (la producción, las finanzas, el dinero, el mundo del capital...), que en realidad está inmerso en una crisis tremenda. Es un sistema con muchas grietas, que no funciona y no contribuye en absoluto al bienestar de las personas. Lo que es realmente importante es el mantenimientoº y la sostenibilidad de la vida. Y eso, aunque no sea rentable ni cotice, es lo que siempre deberíamos considerar más importante: la atención y cuidado de los demás. Después viene la reproducción, tanto la biológica (que tiene una importancia evidente y necesaria) como la social, porque las mujeres, cuando se reproducen, también contribuyen a la reproducción de la sociedad en su conjunto. En el último eslabón se situaría la producción. Este planteamiento trastoca todo lo que se nos ha vendido hasta ahora e implica un cambio de mentalidad muy importante.

¿El trabajo de las mujeres se ha contabilizado en términos económicos?

Hay estudios que han analizado lo que se denominan las cuentas satélite, el cálculo de lo que hacen las mujeres sin cobrar para el mantenimiento y la sostenibilidad de la vida. Ningún gobierno sería capaz de asumir lo que ellas hacen gratuitamente porque representa cuatro veces más el PIB de un país. Esto se ha calculado en Cataluña con las cuentas satélite. Las sociólogas y las economistas dicen que, de cuanto hacen las mujeres, lo que se ve es solo la punta de un iceberg que es inmenso y que es lo que sostiene el sistema.

¿Cómo se refleja todo esto en el libro?

Hemos tomado este marco teórico y lo hemos aplicado a cuatro momentos históricos: el Egipto prehistórico, el bajo Imperio romano (siglos III y IV d. C.), la Baja Edad Media (siglos XIII-XV) y el siglo XIX, con las mujeres victorianas. Estos cuatro momentos encuentran un hilo conductor, que corresponde a las funciones y tareas que han desarrollado las mujeres: los trabajos de cuidado y atención a los demás, la reproducción y, finalmente, la producción. En cada momento histórico ellas han estado presentes en todos los ámbitos.

El tema se ha abordado desde un punto de vista científico. Se ha hecho trabajo de archivo y también arqueológico; hay detrás un trabajo de investigación muy importante. Lo que se dice en el libro sobre algunas épocas no se ha escrito nunca. De hecho, el planteamiento, por sí solo, es nuevo.

¿En cuál de estos cuatro momentos el papel de la mujer ha sido más reconocido?

Es un trabajo que siempre se ha menospreciado. Cuando Aristóteles habló del término oikonomia, ya creía que lo realmente importante era la economía y la política, que las hacían los hombres. Decía que era necesario que hubiera esclavos y mujeres para que ellos se pudieran dedicar a las cosas realmente importantes. En el siglo XIX, con las mujeres victorianas, aunque después hubiera el inicio de las sufragistas, la situación era igual, porque el trabajo doméstico no estaba valorado.

Pero en algo habremos evolucionado…

Sí, ha costado mucho llegar hasta aquí y es cierto que hemos mejorado muchísimo, aunque debemos atender más a cómo decimos las cosas. Los historiadores, sobre todo los de la época contemporánea, dicen que el acceso de la mujer al mundo del trabajo es un éxito de los movimientos feministas, y esto se produce en el siglo XX. Pero es mentira, porque las mujeres siempre han estado presentes en el mundo del trabajo. En el siglo XX hubo un acceso masivo, de todas las mujeres en general, especialmente de las burguesas, porque las que eran de clase social baja habían trabajado siempre en el campesinado, como criadas, nodrizas... Esto siempre ha existido. Hoy las grandes burguesas también trabajan, pero tienen criadas y asistentas en su casa, que suelen ser otras mujeres.

Es cierto que hemos mejorado, porque las leyes son más justas, las horas de trabajo no son las mismas que antes, ha habido ganancias laborales... pero ahora volvemos atrás. El movimiento feminista no es un movimiento de progreso, como los economistas. Se habla de olas que van y vienen, y cuando nos descuidamos un poco, nos retiran los privilegios.

La obra reivindica la importancia del trabajo de la mujer. ¿Qué podemos aprender de la historia en este sentido?

Debemos estar orgullosas de lo que hacemos y de lo que hemos hecho. No nos hemos de dejar dominar. Hay muchas mujeres que te dicen que no han trabajado nunca y después ves que han hecho de todo, desde cuidar la casa y cuidar de los niños hasta trabajar en la economía sumergida... Dicen que no han trabajado nunca porque no han tenido un trabajo asalariado fuera de casa y reconocido socialmente. La gran cuestión es decir que este es uno más de los trabajos y que todos tienen el derecho de ser reconocidos y de ser valorados en su justa medida. Hay que recordar también que muchos de los trabajos de las mujeres se hacen en condiciones de explotación, de no reconocimiento. Quizás no transformaremos el mundo con un libro, pero haremos pensar, y eso ya es importante.

¿La actual crisis económica puede suponer un retroceso en las ganancias que se habían conseguido?

Yo creo que sí, porque ahora la gente está tan desmovilizada que a los gobiernos ya no les da miedo recortar por todos lados y dejarnos en la miseria. Es importante que la gente tome conciencia y piense autónomamente, huyendo del pensamiento único. En el fondo, sin embargo, soy bastante optimista y creo que la juventud realmente tiene la capacidad de cambiar las cosas. Como decía la judía Hannah Arendt, “we are beginners”; nacemos de un principio que puede cambiar.

[Entrevista realizada por el Gabinete de Comunicación de la URV.]