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Abel Soler: “El rechazo a que el autor de ‘Curial e Gúelfa’ sea un toledano educado en Valencia se debe a un regionalismo de vía estrecha"

Autor de "La cort napolitana d’Alfons el Magnànim: el context de ‘Curial e Güelfa’", en el que se desvela que Enyego d’Àvalos escribió esta obra, uno de los textos más importantes de la literatura catalana

15/03/2018

  • La investigación ha sido publicada por la Institució Alfons el Magnànim, el Institut d'Estudis Catalans y Publicacions de la Universitat de València en tres volúmenes (4 tomos).

Presentación de "La cort napolitana d’Alfons el Magnànim: el context de ‘Curial e Güelfa’"

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P. ¿Qué es Curial e Güelfa?

R. Curial e Güelfa es una novela caballeresca y sentimental, escrita en catalán, pero enriquecida con aspectos renacentistas (mitología, neoplatonismo) e ideales humanísticos muy italianos; sobre todo, el del perfecto cortesano de armas y letras, estudioso de los clásicos.

 

P. ¿Cómo apareció el manuscrito?

R. Solo se conserva un manuscrito sin declaración de autoría. Se ignora como ingresó en el siglo XIX en la Biblioteca Nacional. Fue dado a conocer como obra literaria inédita en 1876 por el erudito catalán Manuel Milà i Fontanals.

 

P. Durante el siglo pasado y estas últimas décadas ha habido diversos estudiosos que se han dedicado a investigar la obra, su ambiente, sus particularidades lingüísticas y, una de las incógnitas más importantes: su autoría. ¿Puede resumirnos los precedentes?

R. Publicado el “Curial” en 1901, sucesivos editores y estudiosos catalanes han tendido a ubicarlo, a priori, en Cataluña. Sin embargo, estudios de Júlia Butinyà, Antoni Ferrando, Mª. Teresa Ferrer i Mallol y otros lo han situado claramente en Italia y en relación con la corte napolitana de Alfonso el Magnánimo.

 

P. ¿Quién le impulsa a adentrarse en esta investigación y cómo llega a la identificación de la autoría?

R. Antoni Ferrando, catedrático de filología catalana en la Universidad de Valencia, me impulsó, como medievalista, a completar una ardua tarea iniciada por él y otros investigadores. El seguimiento de más de 200 cortesanos nos llevó a la figura excepcional de D’Àvalos: educado en Valencia, bibliófilo, autor de escritos elegantes, cortesano modélico... Su perfil encaja a la perfección con el contenido del libro y las pruebas son múltiples: el manuscrito es de papel milanés (de cuando él fue embajador en Milán); la encuadernación, toledana, con “makulatur” del archivo señorial de Fuensalida (un hermano de Enyego, pariente y servidor de los Ayala de Fuensalida, volvió de Nápoles a Toledo en 1449). Nada más comenzar la obra, el protagonista, Curial, luce en tres ocasiones el escudo del “león naciente” del condado de Monteodoriso como firma heráldica (D’Àvalos era el prometido de la heredera del condado). Se rinde homenaje al cuñado de Enyego, Lluís Maça-Cornell y a otros nobles valencianos de su entorno. Y así sucede con distintos personajes y situaciones, que nos llevan a él y a su entorno. En cuanto a las fuentes literarias, relacionamos el “Curial” con libros de D’Àvalos conservados en Siena (la historia de “Tancredi e Ghismonda”), Catania (una anécdota sobre Platón), etc. En Milán, por ejemplo, plagió un manual de los Visconti del que reprodujo hasta los errores ortográficos: como el hápax Subeumetria, en vez de Stereometria. Las pruebas son variadas y contundentes.

 

P. Su descubrimiento ha generado cierto debate en el entorno académico. ¿Puede resumirnos las causas?

R. Algunos historiadores de la literatura catalana rechazan la posibilidad de que el autor sea un valenciano. Y todavía menos un toledano educado en Valencia, como Enyego d’Àvalos, que se expresaba con peculiaridades del catalán de Valencia o valenciano. Ello se debe a un regionalismo de vía estrecha, que evita a toda costa aceptar la evidencia de un Siglo de Oro de las letras catalanas protagonizado por valencianos: Ausiàs March, el “Tirant”, Corella, Jaume Roig, Isabel de Villena… Alguien ha llegado a decir: “Si los valencianos tienen todos los grandes escritores del siglo XV, ¿para qué quieren uno más?” Ante quienes ocultan una demostrada desorientación interpretativa partiendo de premisas como esta, poco se puede argumentar, claro está.

 

P. ¿Qué implica para la recepción de la obra y su comprensión que el autor sea Enyego Dávalos, un autor nacido en Toledo, afincado en Valencia, que escribe en lengua catalana y que llega a ser camarlengo del rey Alfonso el Magnánimo en Nápoles?

R. Enyego d’Àvalos (Íñigo Dávalos, como nombre de pila; Inico d’Avalos, cuando se italianizó la corte de Nápoles) nació en Castilla, pero a los 7 años pasó a Valencia y luego a Italia. Ya no vivió en tierras castellanas. Sus ancestros procedían de Ábalos, despoblado de Navarra. En Castilla se aglutinaba “de + Ávalos” como “Dávalos”, aunque algunos siguen siendo “de Ávalos” (el escultor del Valle de los Caídos) o “Ábalos” (un diputado valenciano actual). La pronunciación valenciana de “Enyego” es llana. El Magnánimo y su cancillería, el Príncipe de Viana y otros cortesanos se dirigían a él como “Don Enyego”. Valenciano de adopción y catalanohablante, aprendió el italiano y se rodeó de humanistas yendo y viniendo de Milán (1435-1447) a Nápoles (1440…). Su caso se asemeja al de Enrique de Villena, que escribió en catalán de Valencia “Los dotze treballs d’Hèrcules”. Lo aprendido por Enyego en Italia (amor por los libros, accesibilidad de la mujer a la cultura, un arquetipo del noble estudioso de los clásicos, etc.) informa un libro que podemos llamar “de caballería humanística”. Ahora, finalmente, se explica el libro en su adecuado contexto cultural y autorial.

 

P. ¿Por qué filólogos como Coromines, Colón, Veny y Ferrando consideran que el autor podría ser valenciano o estar relacionado con Valencia?

R. El catalán Coromines, los valencianos Colón y Ferrando, y el mallorquín Veny son lexicógrafos y especialistas en dialectología e historia de la lengua. Aparte de castellanismos, observan que el autor usa palabras como menejar ‘menear’ (cat. remenar), febra ‘fiebre’ (cat. febre), almánguena ‘almagre’ (cat. mangra), etc., razón por la cual consideran que el léxico de la obra denota una procedencia valenciana del autor, o un claro contacto con Valencia.

 

P. ¿Estos descubrimientos exigen replantear los estudios que ha tenido hasta ahora la obra Curial e Güelfa? ¿Deben hacerse nuevas lecturas con las nuevas claves que nos aporta su investigación?

R. El autor, caballero y trovador (tocaba el arpa), recoge lo aprendido en la corte valenciana medieval, donde se leían el “Tristán” y el “Lancelot”, y lo dota de un nuevo sentido gracias a Dante, Petrarca y Boccaccio, pero también a ideas de humanistas como Bruni o Decembrio. Si incurrimos en el error de “recluir” en la Cataluña medieval un libro escrito en valenciano y condicionado por la Italia del Quattrocento, las piezas no encajan.

 

P. Su investigación se publica en tres volúmenes (4 tomos) que suman casi 5.000 páginas en total. Es, pues, una obra para especialistas. ¿Cómo valora que su trabajo haya sido coeditado por dos instituciones valencianas, con una gran potencia editorial, y una catalana?

R. Mi investigación es mucho más que el asunto, siempre mediático, de la autoría. El vol. 1 es una radiografía cultural de la corte napolitana, con sus humanistas, caballeros (incluido D’Àvalos), poetas, bibliotecarios… El vol. 2 estudia la obra y sus vericuetos literarios. El 3/1 i el 3/2 identifican a personajes de toda Europa que comparecen en la ficción, con otros muchos detalles. Es muy satisfactorio para mí que Publicacions de la Universitat de València, la Institució Alfons el Magnànim y el Institut d’Estudis Catalans (Barcelona) hayan aunado esfuerzos para poner la obra a disposición de bibliotecas, personal académico y público lector en general.

 

P. ¿Tiene previsto publicar un libro que resuma los hallazgos de su investigación con el fin de facilitar el acceso a un público amplio?

R. Sí. Estará disponible en pocos meses.

 

Pie de foto. El libro se ha presentado esta tarde en el espacio UNE de la Librería del BOE de Madrid. Han intervenido (de iqda. a dcha.): Jaume de Puig, vicepresident de l'Institut d'Estudis Catalans (IEC); Antoni Ferrando, catedrático de Filología Catalana de la Universitat de València, autor del prólogo y director de la investigación; Abel Soler, autor de la obra; José Luis Canet, director de Publicacions de la Universitat de València (PUV); y Ángel Gómez Moreno, catedrático de Literatura Española de la Universidad Complutense.

 

 
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