
El tema de estas meditaciones, en las que se acude en busca de luz al saber medieval, es la investigación acerca de la filosofía primera, como mayor radicalidad posible del saber y de la vida. Y la búsqueda misma de radicalidad nos obliga a preguntarnos ¿por qué y cómo es posible filosofar? Es la posibilidad misma de la filosofía, en un sentido fuerte, radical, el asunto que, en este libro, en su conjunto, se aborda. Esta pregunta – cómo es posible filosofar – en realidad es inseparable de esta otra: ¿cómo es posible encontrarle sentido a la vida? ¿Cómo es posible afirmar sin reservas, de modo libre y comprometido, lo que tenemos abierto ante nosotros, aquí y ahora? ¿Cómo podemos asumir nuestro pasado y no desesperar del futuro? ¿Y podemos acaso abrirnos los unos a los otros? El amor posibilita la respuesta. El amor, que como enseñó San Agustín, juzga entre dos modos, contrapuestos e inconfundibles, de habitar el mundo: como afirmación de la propia potencia o como apertura humilde a lo otro de sí. Dos modos que determinan, también, dos modos de conocer. La dureza del corazón es la ceguera de la razón.