
Que la humanidad en el siglo XXI está experimentando una profunda crisis parece una cuestión indiscutible. Y no nos referimos a las situaciones de catástrofes bélicas a las que se está asistiendo entre los años 2023 a 2026 en Gaza e Irán, sino a las que se refieren al vivir del día a día del individuo. Esta crisis es reiteradamente denunciada por personalidades tan indiscutibles del mundo de la Politología, la Filosofía Política, la Sociología, la Economía, la Psicología, que serán reiteradamente citadas en la obra, como Hanna Arendt, Simone Weil, los miembros de la Escuela de Franckfurt (Horkheimer, Adorno), o ya contemporáneos como Zygmunt Bauman, Jürgens Habermas, Rawls, Stiglitz, Lipovestky, Taylor, Byung-Chul Han, Zizék, Markus Gabriel, Michael Sandel, Haydt, y tantos otros, que ponen el acento, bien en las dimensiones individuales de la crisis (individualismo, hedonismo, relativismo, secularización), o en las colectivas, sociopolíticas, económicas o culturales (crisis del liberalismo, del capitalismo, la polarización, el populismo, el consumismo, el miedo y la inseguridad social). Todo ello surgido a través de un proceso que lleva a la sociedad desde un modelo sustentado en principios y categorías tradicionales, la Sociedad Moderna (racionalismo, liberalismo, capitalismo) a otra con nuevos principios o ausencia de los precedentes, característicos de la sociedad contemporánea, propia de los inicios del siglo XXI, que ha venido en ser denominada Sociedad Postmoderna. El autor plantea en la obra, dado que las propuestas en la búsqueda del bienestar social, basadas en la intervención en la función pública (política, medidas económicas, jurídicas, sociales) no han parecido dar fruto, volver la vista a un replanteamiento formal que atribuya el papel protagonista del cambio social a la búsqueda del individuo virtuoso, siguiendo los principios aristotélicos, que lleve a la sociedad a ser justa y amable. A tal fin se propone la aplicación de los principios basados en dos corrientes; psicológica una, la Psicología Positiva, y psicosocial la otra, la Resiliencia, que aportan al individuo un activo positivo en el modo de enfocar, no ya solo las experiencias negativas inevitables, sino su promoción hacia el CRECIMIENTO PERSONAL sobre el que sustentar un marco de relaciones posibles que promocionen la sociedad civil hacia la igualdad, la justicia y la convivencia social. Todo ello bajo un principio muy simple el de que “no podrá haber una sociedad justa en tanto sus miembros integrantes no lo sean”.